lunes, 26 de noviembre de 2007

Pijtje

Sí tuvimos compañeros, lo que por un lado fue un alivio, porque por fin podríamos derribar todos los mitos que nos habíamos estado imaginando de las piezas compartidas: los ronquidos, los olores, las llegadas tardes despertando al resto, la utilización de la ducha con vitrina que había adentro de la pieza... Finalmente, ambos eran bastante piolas, casi no nos hablamos, y se fueron temprano, o sea plop!

Luego de eso, partimos a Begijnhof, un pequeño hof (patio) de Amsterdam que queda en la calle Kalverstraat. La gracia es que desde 1389 fue habitado por begijns, unas religiosas que se dedicaban al trabajo comunitario, obviamente con voto de castidad y todo eso

¡¡Puras holandesas solitas!!
Esta comunidad pasó por todas las gamas del cisma religioso inglés, desde el calvinismo, presbitenarismo, protestantismo... en fin, las ramas de la iglesia inglesa.

El lugar es privado pero dejan entrar turistas, eso sí, prohiben las fotos y todavía se respiran aires de retiro y reflexión, a pesar que la última de la Beguinas murió en 1971 y el hof fue reformado en 1997. Antes todas las casas eran de madera pero los incendios hacían de las suyas, así que ahora la única que queda es la negra que aparece en la foto, llamada Houten Huis.
Luego de tanta introspección no había nada mejor que un paseo diurno por el Red District o De Wallen (como diría un Amsterdanés). Allí pudimos ver a las honorables "putas" o trabajadoras sexuales ventilando sus partes íntimas, camastros y pilchas al frío sol del Amstel. Mientras, los cisnes del Canal Oudezijds Achterburgwal lamían sus plumas, luego de una noche de arduo trabajo... Una onírica imagen de cisnes y putas, ambos igual de delicados.

Las mujeres del sexo no permiten que se las fotografíe, pero podemos constatar que son muy trabajadoras y desde temprano están en sus vitrinas, aunque en los turnos de mañana y tarde son las peorcitas... ¡¡las de la noche la llevan!! Para lamentos de Claudia y algunos amigos, el comercio sexual de putos, travestis o gays no ha prendido y en el Barrio Rojo casi sólo hay mujeres y unos travestis bien operados.

Otra gracia De Wallen es que diferentes tipos de servicios, se van congregando por sectores. Así, en la calle principal están las vitrinas de nórdicas, al final hay un espacio latino, en unas laterales las asiáticas y otro de mulatiñas y negras... o sea, es posible pegarse un tour sexual probando las tendencias coitales de cada raza.

En todo caso, aparte de sus usos orgiásticos, el Barrio Rojo es bastante bonito, antiguo y con bonitas vistas y, bueno, los cisnes siguen dándole un toque... ¡No hay cisnes en otros canales, sólo patos!

De ahí, pasamos por el Grasshopper para prepararnos a subir a un bote que nos llevaría a recorrer los canales de Amsterdam y el Jet hi (el río que separa el centro histórico de la ciudad nueva).

Los botesitos valen al pena, pasan por canales estrechísimos, están calefaccionados y muestran algunas curiosidades de la ciudad como las casas ilegales del Amstel o que todos los departamentos tienen en la parte más alta un gancho para subir las cosas, ya que como los holandeses no son tontos, todo lo entran por la ventana (Todas las fachadas terminan en punta y en su cúspide está el famoso gancho)Luego del paseo en bote, quisimos volver a algunos de los lugares visitados, pero a pie. Lo malo es que, como ya deberíamos haber aprendido, ubicarse en esta ciudad no era tan fácil, así que nos pasamos horas caminando para encontrar una feria libre que nos había parecido interesante desde el canal, pero que al llegar descubrimos que no valía tanto la pena... Igual, no nos podemos quejar de perdernos en las calles de Amsterdam!.

De ahí, el hambre estaba haciendo estragos, así que recordamos la fama de los holandeses con el queso y decidimos sentarnos al borde de un canal a comernos un pedazo de Gouda añejo y un Edam (Los mejores quesos holandeses). Ahí, en un pequeño descanso y con esa vista, uno se puede dar cuenta dónde está parado y el camino recorrido...
Terminado el break, nos dieron ganas de ir al Hortus así que emprendimos la marcha. En el camino nos llamaron la atención las escaleras para bicicletas, así que las fotografiamos... Esto sí que es pensar en todo ¿o no?En fin, el Hortus Botanicus Amsterdam es el jardín botánico de la ciudad, fundado en 1638, por lo que es uno de los más antiguos del mundo. La idea inicial era un Hortus Medicus o jardín de hierbas medicinales, pero en la actualidad es un museo viviente, con más de 6.000 especies de plantas. Para estar aquí, las plantas deben cumplir con exigientes requisitos, como ser de procedencia salvaje, haber sido recogidas en un entorno natural y contar con los datos del sitio donde se han encontrado. Lo más impresionante del Hortus es el invernadero de los tres climas, con una zona tropical, una subtropical y una desértica, donde conocimos la Welwitschia mirabilis, una planta del desierto de Namibia que puede vivir más de 2.000 años y durante todo ese tiempo sólo produce dos hojas. Estas hojas se van enrollando a lo largo de sus veinte siglos de vida, formando dos moños...

Otra de las curiosidades del Hortus Botanicus es el criadero de mariposas. Es como una pieza que cuando uno entra revolotean un montón de mariposas... cosa a la que uno no está acostumbrado, habitualmente las mariposas se escapan, pero en este caso se te acercan ¡Merece la pena!

Por la tarde de ese día salió el Sol, cosa que le cambia bastante la cara a Amsterdam.

Nos imaginamos que en Verano la ciudad debe ser más hermosa aún, con tulipanes en las terrazas, más gente en las calles, más calorcito y mayor luminosidad.

Avanzando el día, ya se aproximaba nuestra próxima aventura: arrendar unas bicis y dárnosla de Amsterdaneses.

Y así no más fue, por unos 15 eu (10 lucas) uno puede arrendarse una bici por todo un día, todo un placer para andar Pedaleando de Noche. Aparte que la ciudad está llena de ciclovías o carril-bici como diría un españolete, los autos escasean y... ¡Ná que ver, venir a Amsterdam y no andar en bici!Y qué mejor que darse una vuelta por la Plaza Dam cuando ya no quedan ni palomas... (Ojo que en la mañana descubrimos que las palomas no se comen el borde del pan de molde que les dejan ¿Será un cosa de las palomas primer mundistas, de las holandesas o de toda la familia Columbidae?) O por el Barrio Nieuwmarkt, un antiguo barrio judio, y la casa de Waad, una antigua puerta de la ciudad medieval. Tanto pedaleo nos dio sed, y por casualidades de la vida entramos a un Bar a pasos del hostal que bautizamos como El paraíso de la Chela o Leeuw Bier como realmente se llama. Es un bar familiar que lo atiende el padre, el hijo o el otro hijo, donde se puede encontrar toda esta carta de cervezas, algunas de ellas con 12° de alcohol... (O sea la báltica... puáj!!). Buscamos la escudo, la única-grande-nuestra y ná... la más conocida era la "Coronita".Comenzamos con una cerveza de barril, y recién ahí reparamos en la carta de chelas. Inmediatamente elegimos la más fuerte. Su nombre fue muy difícil de pronunciar: una Pijtje (léase paijt-je con "j" de escupo). Nos parecía inverosímil que una chela tuviera 12°, pero era "velda" y el barman nos advirtió que había que beberla "al toque" o si no el alcohol se evaporaba... , era exquisita.

Luego ya pedíamos recomendación y nos trajeron una típica de Amsterdam algo frutillosa. Para seguir, nos metieron miedo con la mejor cerveza del mundo: Trappist Westvleteren 12, una cerveza belga, que como buena mina rica es difícil de conseguir y solamente hacen algunas botellas al año... el botellín de 330 ml. sale como 7 lucas... y bueno, era ahí o nunca... era más que exquisita ¡¡y negra!!

Luego cayeron otras, inclusos algunos regalos... Sólo recordamos que la cerveza es un producto típico de órdenes religiosas... ¡¡menos mal que no aceptamos la Delirium Tremens!! Con tanta energía en el cuerpo nos dieron ganas de conocer la oscura noche del Amstel.Y no faltó el hermano que nos avivó la cueca...La cosa es que terminamos paseando por el Red District de noche y en bici, uno manejaba y el otro sapeaba desde atrás, menos mal que no nos hicieron la alcoholemia. ¡Quién se la hace!
Ahora, ojo con algunos adornos y líneas de tranvía que pueden provocar accidentes.

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